FALSO ESCENARIO CONSTITUCIONAL
Chile, 2 de agosto 2020
Por Jorge Imas Urrea
Abogado
“La
Constitución representa el cimiento esencial del sistema jurídico. Ella
consagra los derechos fundamentales de la ciudadanía que nadie puede
transgredir y en la cual confluye la voluntad mayoritaria de la nación que, a
su vez, es la depositaria de la soberanía nacional.
Atendida
su naturaleza, la Constitución debe reemplazarse cuando un acontecimiento
fractura gravemente la institucionalidad vigente, sea por obra de una
revolución o del agotamiento del modelo político plasmado en su texto. Si no
ocurre ni lo uno ni lo otro, la sustitución de la Carta Magna es un salto al
vacío.
La historia
revela que las últimas constituciones en Chile fueron obras de trastornos y
convulsiones que demandaban cambios profundos en el sistema político y social,
todos los cuales debían institucionalizarse para posibilitar una pacífica
convivencia en el marco del “Estado de Derecho”: La Constitución de 1833 fue
fruto de la Batalla de Lircay y el triunfo de los pelucones encabezados por
José Joaquín Prieto, lo que le dio a Chile más de medio siglo de orden y
estabilidad política. La evolución de las ideas, la movilización social y el
descontento fueron erosionando las bases originales de aquella carta política,
llegándose al extremo de reemplazarse de hecho el “presidencialismo”, por un
improvisado “parlamentarismo”. Nuestra experiencia parlamentaria fue un
desastre que abrió camino al quiebre institucional de 1924 y, producto de ello,
a la Constitución del año siguiente.
Sin
un período de transición, aquella normativa solo vino a aplicarse plenamente en
1932, reeligiéndose Presidente de la República, a don Arturo Alessandri Palma.
Finalmente, sobreviene la ruptura de 1973. Aun cuando se discutan sus causas y
las responsabilidades históricas, nadie podría negar
seriamente, que el país requería otra Constitución que hiciera posible que el
país transitara ordenadamente hacia el establecimiento de su tradición
democrática. Así nace nuestra actual Constitución de 1980, y las sucesivas
modificaciones que ha experimentado a lo largo de su vida, instrumento que
culminó en 1990 con la restauración del régimen democrático, sellándose con
ello el compromiso que en 1973 contrajeron las FF.AA. y de Orden.
La
experiencia, por consiguiente, avala lo señalado, una nueva Constitución solo
puede darse en el marco de una crisis institucional profunda que exija una
refundación del modelo político, social y económico.
En la actual
coyuntura política, no se observa una conmoción de tanta importancia que ponga
en peligro las estructuras del Estado. Por el contrario, el país reclama
diálogo, entendimiento y armonía entre las diversas corrientes ideológicas.
Todo
induce a pensar que se está creando un clima artificial que justifique una
reforma que no es expresión de un sentimiento auténtico de la ciudadanía, con
el agravante de hacer creer que muchos de los problemas económicos- que si
existen- van a ser resueltos con una nueva Constitución.
En las
circunstancias señaladas, yo pregunto ¿Es pertinente, en un momento
económicamente complejo, como el que hoy vivimos, discutir una nueva
Constitución que sin duda ha dado estabilidad al país?, ¿O bien esta discusión
creará un clima de incertidumbre y desasosiego que podría afectar la
estabilidad jurídica y la inversión que Chile necesita?
Yo
creo honestamente, que Chile no necesita partir de cero con una nueva
Constitución que se construya desde una hoja en blanco, en un camino de a lo
menos dos años, donde nadie asegura estabilidad, diálogo y respeto a la
diversidad de opiniones. Creo que lo razonable es estudiar modificaciones que
perfeccionen un mayor equilibrio institucional entre el Presidente y el
Congreso Nacional, incentivando el proceso de descentralización administrativa
y fortaleciendo los mecanismos de participación de los ciudadanos; talvez
cambiar el régimen presidencial que nos rige, a un régimen semi presidencial,
aumentar los derechos de las personas, por ejemplo, el derecho a una pensión
digna o a la salud integral, entre otras reformas constitucionales.
Por
todas estas consideraciones estimamos que en el plebiscito de 25 de octubre la
ciudadanía debería optar por “Rechazar para reformar nuestra Constitución”.
Es nuestra
opinión y respetamos por cierto a quienes piensan distinto.”
Tomado de: Diario El Centro, Región del Maule, Chile.