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| ACCESO A LA JUSTICIA Por doctor Juan Rafael Perdomo Magistrado de la Sala de Casación Social Publica Abg. Rafael Medina Villalonga Venezuela, 8 de abril 2026 "ANTE LA LEY" "Hay un guardián ante la Ley. A
ese guardián llega un hombre del campo que pide ser admitido a la Ley. El
guardián le responde que ese día no puede permitirle la entrada. El hombre
reflexiona, y pregunta si luego podrá entrar. "Es posible”, dice el
guardián, "pero no ahora". Como la puerta de la Ley sigue abierta y
el guardián está a un lado, el hombre se agacha para espiar. El guardián se
ríe, y le dice "Fíjate bien: soy muy fuerte. Y soy el más subalterno de
los guardianes. Adentro no hay una sala que no esté custodiada por su guardián,
cada uno más fuerte que el anterior. Ya el tercero tiene un aspecto que yo mismo
no puedo soportar." El hombre no ha previsto esas trabas. Piensa que la
Ley debe ser accesible a todos los hombres, pero al fijarse en el guardián con
su capa de piel, su gran nariz aguda y su larga y deshilachada barba
de tártaro, resuelve que más vale esperar. El guardián le da un
banco y lo deja sentarse junto a la puerta. Ahí
pasa los días y los años. Intenta muchas veces ser admitido y fatiga al
guardián con sus peticiones. El guardián entabla con él diálogos limitados y lo
interroga acerca de su hogar y de otros asuntos, pero de una manera impersonal,
como de señor importante, y siempre acaba repitiendo que no puede pasar
todavía. El hombre, que se había equipado de muchas cosas para su viaje, va
despojándose de todas ellas para sobornar al guardián. Este no las rehúsa, pero
declara: "Acepto para que no te figures que has omitido algún
empeño." En los muchos años el hombre no deja de mirarlo. Se olvida de los
otros y piensa que éste es la única traba que lo separa de la Ley. En los
primeros años maldice a gritos su perverso destino; con la vejez, la maldición
decae en quejumbre. El hombre se vuelve infantil, y como en su vigilia de años
ha llegado a reconocer las pulgas en la capa de piel, acaba por pedirles que lo
socorran y que intercedan con el guardián. Al fin se le nublan los ojos y no
sabe si estos lo engañan o si se ha oscurecido el mundo. Apenas si percibe en
la sombra una claridad que fluye inmortalmente de la puerta de la Ley. Ya no le
queda mucho que vivir. En su agonía los recuerdos forman una sola pregunta, que
no ha propuesto aún al guardián. Como no puede incorporarse, tiene que llamarlo
por señas. El guardián se agacha profundamente, pues la disparidad de las
estaturas ha aumentado muchísimo. "¿Qué pretendes ahora?", dice el
guardián; "eres insaciable". "Todos se esfuerzan por la
Ley", dice el hombre. "¿Será posible que en los años que espero nadie
haya querido entrar sino yo?" El guardián entiende que el hombre se está
acabando, y tiene que gritarle para que le oiga: "Nadie ha querido entrar
por aquí, porque a ti solo estaba destinada esta puerta. Ahora voy a
cerrarla." FRANZ
KAFKA. Ein Landarzt (1919). pp. 237-238
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ACCESO A LA JUSTICIA
Proemio deL trabajo publicado por el recordado profesor, doctor Juan Rafael Perdomo, con motivo del estudio en referencia
Publicado el Domingo, 22 de Marzo de 2026.Esta entrada ha sido leída 205 veces