SEMBLANZA
DE DON ANDRES BELLO LOPEZ
Dr. Juan Andrés Orrego Acuña
Profesor de Derecho Civil U. Chile
(VII)
"Poco
se sabe, en verdad, de la vida de Bello en sus primeros años londinenses. El 26
de marzo de 1812, se restablece la autoridad española en Caracas, tras ser
derrotada la Confederación Americana de Venezuela. Ello trae como directa
consecuencia, que López Méndez y Bello quedan en Londres desprovistos de toda
representación y carentes de recursos, y como es obvio, sin posibilidad de
volver a la patria. La necesidad apremiaba la existencia de Bello en Londres, e
intenta obtener la autorización de las autoridades españolas, para ser admitido
en algún territorio de la Corona. Contacta al embajador de España en Londres,
Conde de Fernán Núñez y Duque de Montellano, y envía en junio de 1813 una carta
a la Regencia de España.
En
los documentos que se conservan de esta correspondencia, se trasluce un Bello
vacilante y que intenta justificar su proceder antes de la restauración del
gobierno español. Declara no haber tenido una intervención protagónica en los
movimientos que habían precedido la revolución y destaca la notoria moderación
de sus opiniones y conducta. Aunque en rigor no faltaba a la verdad, su actitud
no nos parece totalmente exenta de reproche. Aunque también debemos admitir que
se trataba de flaquezas comprensibles en un momento especialmente difícil,
lejos de la patria, de la familia y de los amigos.
Por
lo demás, Bello era sincero en su ideal de un gobierno monárquico, aún para los
países americanos. En carta de 15 de noviembre de 1821, le dice a Miguel de
Mier: “La monarquía (limitada por supuesto) es el único gobierno que nos
conviene; y (…) miro como particularmente desgraciados aquellos países que por
sus circunstancias no permiten pensar en esta especie de gobierno.” No creía
Bello que la democracia fuere el sistema que pudieran adoptar las jóvenes
repúblicas americanas, y en ello, compartía las mismas ideas de O’Higgins,
Rivadavia, San Martín y muchos otros próceres de la independencia. En cuanto a
la actitud vacilante entre revolucionarios y partidarios de la Corona, nadie
podría condenarlo.
Se
cuenta que en Chile, después del desastre de Cancha Rayada, “muchos chilenos de
significación, aterrados por su propia suerte, escribieron al general realista
Osorio declarándose ardientes partidarios de la metrópoli y firmes sostenedores
de la causa del rey. No ahorraban tampoco denuncias de patriotas. Estas cartas
estaban en la valija que encerraba la correspondencia secreta del jefe español,
y que éste abandonó al huir (…) del campo de Maipú”. San Martín, a la sombra de
un álamo, según relató su edecán O’Brien, leyó una a una las cartas que comprometían
a tantos notables, para después, sin revelar su contenido, despedazarlas y
arrojarlas al fuego.
A
instancias de López Méndez, el gobierno argentino, por intermedio de Manuel de
Sarratea, dispone enviar a los dos venezolanos una pensión anual de 150 libras.
Pero sólo llega la primera remesa y nada más53. López Méndez obtendría también
un auxilio de 1.200 libras, que permitió defenderse a los dos diputados por un
tiempo. Después, las obligaciones contraídas por la representación diplomática
y que los acreedores exigirían implacablemente, terminó con López Méndez
encarcelado en más de una oportunidad.
Era
una época en que las deudas impagas llevaban al obligado a prisión.
Paralelamente, los contactos con Buenos Aires continuarían, y en noviembre de
1815 se instruye a Sarratea para que proporcione a Bello los medios para
trasladarse a la Argentina, pero el viaje no se concretará. Por aquellos años,
un amigo, el español y famoso escritor José María Blanco White, autor del
soneto “Mysterious Nigth”, celebrado por Coleridge, le ayudará, consiguiéndole
alumnos a quienes Bello imparte clases particulares de latín, francés y
castellano, obteniendo con ello ingresos suficientes para vivir con dignidad.
En
especial, ayudaron a Bello las lecciones que impartió en casa de Mr. Hamilton,
secretario de Estado para la India en el gabinete inglés. En retribución del trabajo
de Bello, Hamilton le ofreció casa, comida y 100 libras de renta. De esta
forma, podría afirmarse que gracias a Blanco White, sería Chile y no las
Provincias del Río de la Plata quien se beneficiaría con el trabajo ingente que
Bello estaba destinado a ejecutar.
Resuelto
así por el momento el problema del sustento diario, contrae matrimonio con
María Ana Boyland en 1814. Tenía ella 20 años (había nacido el 12 de septiembre
de 1794). Tras 7 felices años de vida conyugal con Bello, María Ana fallece el 9
de mayo de 1821, dejándolo viudo, con dos hijos, de nueve y seis años, Carlos
(nacido el 30 de mayo de 1815) y Francisco (nacido el 13 de octubre de 1817).
Un tercer hijo, Juan, nacido el 15 de enero de 1820, había muerto un años
después. El matrimonio vivió en el número 18 de la calle Bridgewater.
Las
complicaciones económicas volvían a presentarse, y ahora más acuciosas, pues
debía mantener a sus dos pequeños hijos. Se dedica entonces a la preparación de
algunos jóvenes para su ingreso a la universidad, y se le encarga descifrar los
manuscritos de Jeremías Bentham, trabajo que le consigue su amigo, el filósofo
y economista James Mill, padre del después célebre John Stuart Mill, también,
igual que su padre, filósofo y economista y quien predicaría una moral
utilitarista, a partir precisamente de las ideas de Bentham.
Igualmente,
Mr. Blair –por intermedio del mexicano José María Fagoaga- le hizo corregir una
traducción española de la Biblia. Al ejecutar este trabajo, “con aquél
concienzudo espíritu con que lo emprendía todo”, le haría proponer, como
indispensable en toda traducción, el principio de una fidelidad escrupulosa al
texto original. Se haría un asiduo visitante del Museo Británico, a cuyos
empleados su figura llegó a hacerse familiar, utilizando su completa
biblioteca. Estudia allí, entre otras obras, el “Poema del Cid”, respecto del
cual hace un profundo y celebrado estudio, que se publicará de manera póstuma,
los “Nibelungos”, el “Orlando Enamorado” y compone, en inglés, una “Historia de
Carlomagno y de Rolando, atribuida a Turpín, Arzobispo de Reims”.
Estudia
igualmente prosodia, gramática y derecho. Realiza también investigaciones en
materias pertenecientes a la filología, la astronomía y la medicina, redactando
un apunte para una memoria histórica sobre el origen de la sífilis, en la que
examina si fueron los indígenas americanos quienes transmitieron a los europeos
el contagio de la terrible plaga, concluyendo que la enfermedad ya era conocida
en el mundo antiguo.
La
sed de conocimientos de Bello parece inagotable y el Museo que frecuenta
resulta el lugar preciso para saciarla. El Museo Británico ya asentaba su fama
mundial, y por esos mismos años – concretamente en 1816-, había adquirido las
esculturas del Partenón, arrancadas por Lord Elgin. Bello, que admiraba a los
griegos, debe haberse extasiado contemplando esos mármoles modelados por Fidias
y sus discípulos en el momento en que Grecia había alcanzado su cenit.
En
este ambiente, dice Orrego Vicuña, “La niebla exterior, la miseria, el
desamparo máximo se transmutan allí en haces de luz, en pura alegría
intelectual, en ardiente fiebre de trabajo.”.
Continuará…