«NO PUEDO CALLARME»:
EL TERRIBLE TESTIMONIO DE LA HIJA DE TOLSTOI SOBRE LAS ATROCIDADES DE STALIN
21/8/2020
“ABC publicó en 1933 en España una carta
de Alexandra Tolstoi en la que alertaba de que millares de seres humanos
estaban siendo desterrados o fusilados.”
«Cuando en 1908 el Gobierno zarista condenó a muerte a algunos
revolucionarios, un grito salió de la boca de mi padre: "¡No puedo
callarme!". Y el pueblo ruso, unánime, se unió al grito de protesta contra
aquel asesinato. Ahora, cuando millares de seres humanos en el norte del
Cáucaso son fusilados o desterrados, y que mi padre ya no vive, siento la
imperiosa necesidad de elevar mi débil voz contra las ferocidades bolcheviques,
tanto más como que he trabajado doce años con el Gobierno soviético y he visto
con mis propios ojos extenderse el terrorismo». Así comenzaba la carta abierta
que Alejandra Tolstoi envió al diario anticomunista de la diáspora rusa
"La Renaissance" ( Vozrojdenie o
???????????, en ruso) que se publicaba en París y que éste reprodujo con el
título «No puedo callarme» en su número del 12 de febrero de 1933.
En su escrito, la hija menor del gran novelista ruso denunciaba cómo el
mundo había callado mientras «millones de hombres eran
desterrados o morían en las cárceles y en los campos de concentración».
O cuando miles «eran fusilados en el acto». Los bolcheviques, decía, «la
emprendieron primero con las clases enemigas, con los creyentes, los religiosos,
los profesores, los sabios. Ahora la emprende con los obreros y los
campesinos... y el mundo sigue callando».
Eran los años del Holodomor (en
ucraniano, "matar de hambre"), el genocidio que llevó a
cabo el dictador Josef Stalin en Ucrania y que costó la vida a unos seis
millones de personas.
Diversos periódicos europeos se hicieron eco del terrible testimonio
de Alejandra Tolstoi(1884-1979), que sin embargo no obtuvo
ninguna repercusión en España hasta que el escritor y político Álvaro Alcalá
Galiano y Osma la reprodujo en las páginas de ABC el 26 de abril de 1933 con una dedicatoria especial a los «Amigos de la Unión Soviética».
«El pueblo ruso ya no tiene fuerzas para soportar sus padecimientos. La
rebeldía late por todas partes: en las fábricas, en los talleres, en los
pueblos y hasta en regiones enteras. Los campesinos arruinados y muriéndose de
hambre se fugan de Ucrania por millares», continuaba en su misiva la hija de
Tolstoi, quien abandonó la URSS en 1931 debido a sus ideas políticas y vivió
durante 48 años en Estados Unidos, hasta su muerte.
Alexandra acusaba al Gobierno soviético de publicar «decretos y más decretos para expulsar de Moscú y otras grandes ciudades a miles de habitantes, calmando al propio tiempo a los campesinos rebeldes por medio del destierro y de los fusilamientos».
«Desde Iván el Terrible Rusia no ha
contemplado mayores atrocidades», aseguraba antes de relatar que tras la rebelión en masa de
los cosacos del Kubán se había fusilado a familias enteras y 45.000 personas
habían sido «desterradas a Siberia por orden de Stalin para morir allí
abandonadas».
«¿Es posible que, ante esto, siga callando el universo?
-clamaba-. ¿Es posible que aun haya gobiernos capaces de mantener relaciones
con esos asesinos, prestándoles ayuda en perjuicio de sus propios países? ¿Es
posible que un escritor idealista como Romain Rolland (quien, sin embargo, ha
sabido comprender el alma de los grandes pacifistas como Tolstoi y Gandhi) y
escritores como Henri Barbusse y Bernard Shaw puedan seguir entonando himnos al
paraíso comunista? Así se hacen responsables de la difusión de las teorías
bolcheviques, que son una amenaza para el mundo entero y le llevará a la
ruina. ¿Es posible que todavía haya
quien crea que la sangrienta dictadura de unos cuantos hombres destructores de
la cultura, la religión y la moral pueda llamarse socialismo?»
Y se preguntaba: «¿Quién gritará también
"No puedo callarme”, a fin de que todos lo oigan? ¿Dónde estáis,
cristianos, verdaderos pacifistas, escritores y trabajadores? ¿Por qué os
callais? ¿Aún os hacen falta pruebas, testimonios o cifras? ¿No oís las voces
pidiendo socorro? ¿O pensáis que se puede procurar la felicidad de los hombres
por la fuerza bruta, las matanzas y la esclavitud de todo un pueblo? No me
dirijo a aquellos cuyas simpatías comunistas se han comprado con dinero
extraído al pueblo ruso. Me dirijo a cuantos todavía creen en la fraternidad e
igualdad de los hombres: a los cristianos, a los socialistas, a los escritores,
a los trabajadores, políticos y sociales, a las mujeres, a las madres. ¡Abrid
los ojos! ¡Uníos todos en una protesta unánime contra los verdugos de un pueblo
sin defensa!».
Tomado de DIARIO ABC,España