JUAN GERMÁN ROSCIO
Caracas, 5 de julio 2020
Por Rafael Arraiz Lucca
SU OBRA ESCRITA
VI
Detengámonos en la obra
aludida, acaso las más importante escrita en el período independentista hispanoamericano.
Como es sabido, esta obra de Roscio es de las pocas reflexiones teóricas
justificatorias de la emancipación de las provincias españolas en América. Del
mismo autor contamos con el opúsculo redactado en 1811, en plena faena del
Congreso Constituyente, titulado El
patriotismo de Nirgua y abuso de los Reyes, en el que ya se
advertía la tesitura teórica de su autor. Las mismas tesis las hallamos en
el Manifiesto aludido
antes.
En El patriotismo de Nirgua y abuso de los
reyes, un ensayo breve de 1811, ya su posición está clara. Afirma:
“Aunque pecó el hombre quedó siempre ilesa su voluntad y libre albedrío para
establecer el gobierno que fuese más conveniente a su felicidad: y de esta
fuente nace el derecho que tienen los pueblos para quitar, alterar o reformar el
gobierno establecido cuando así lo exige la salud pública, y el convencimiento
de ser establecido para servir, no para dominar a los hombres; para hacerlos
felices, no para abatirlos, para conservar su vida, su libertad y sus
propiedades, no para oprimirlos ni sustraerles sus fueros sagrados e
imprescriptibles.” (Roscio, 1953: 87)
El triunfo de la libertad
sobre el despotismo constituye el más arduo y completo esfuerzo de un católico
de la época por hallar razones
bíblicas para la libertad, en contra de las razones bíblicas
que el Monarca esgrimía a su favor, conocidas como el “Derecho divino de los
Reyes”. Es sobrecogedor el esfuerzo de Roscio: repasa con lupa la Biblia
buscando desmontar el andamiaje opresor que se fundamentaba en textos sagrados,
y busca construir otro que, basado en los mismos textos, trabaje a favor de la
libertad: “A las páginas del reino espiritual de Jesucristo iban los enemigos
de la libertad en busca de textos que sirviesen de dogma al gobierno temporal
de las gentes contra la sana intención de su autor.” (Roscio: 1996, 8)
Roscio cree hallar en el
Antiguo y el Nuevo Testamento toda una organización social sustentada en la
igualdad y la libertad, muy distinta a la que la monarquía venía estableciendo.
De modo que puede afirmarse que adelanta una lectura filosófica y política de la Biblia desde
postulados distintos a los de la monarquía. El propio autor lo señala en el
prólogo de su obra: “Cooperemos todos al exterminio de la tiranía, al desagravio de la Religión ofendida por el déspota que la invoca en su despotismo; unamos nuestras fuerzas para el restablecimiento de la alta dignidad de nuestros semejantes oprimidos.”” (Roscio: 1996, 5).
El trasfondo filosófico en
el que se apoya el autor es el Liberalismo,
de ello dan fe las diversas alusiones al Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau,
así como a ciertos principios cartesianos, pero no abandonaba su formación
católica. En tal sentido, no puede afirmarse que Roscio fuese un liberal
ortodoxo, más agnóstico que creyente, ya que su condición de feligrés no la abandonó
nunca. De modo que uno de los primeros intentos hispanoamericanos, sino el
primero, por avenir postulados liberales y católicos ha debido ser éste de
Roscio. Más que una refutación liberal de postulados de teología monárquica,
nuestro autor se esmeró en dibujar una teología emancipadora, sustentada en los
mismos libros sagrados en que se fundamentaba la contraria.
Que el sustento filosófico
de Roscio fuese el Liberalismo no puede sorprendernos: para nadie es un secreto
que fueron éstas ideas las que condujeron a la Independencia de los Estados
Unidos de Norteamérica, primero, a la Revolución Francesa, después y,
finalmente, a la Independencia de las Provincias de España en América. Este
cuerpo de ideas, naturalmente, se enfrentó al poder constituido del Señor
Feudal y del Monarca por igual, y abogaba por la creación de repúblicas libres,
gobernadas bajo el imperio de leyes fundadas en los principios de la libertad y
los Derechos del Hombre, todos ellos consustanciales al Individualismo, que no
hay manera de disociar de las ideas liberales.
Pero si por una
parte El triunfo de la
libertad sobre el despotismo es una lectura crítica de los
textos sagrados con un fin político, por otra recoge un norte y un programa de
acción. Así queda establecido en el mismo prólogo antes citado: “Cooperemos
todos al exterminio de la tiranía, al desagravio de la Religión ofendida por el
déspota que la invoca en su despotismo; unamos nuestras fuerzas para el
restablecimiento de la alta dignidad de nuestros semejantes oprimidos.”
(Roscio: 1996, 6). Este llamado a la acción lo acompaña el autor con su vida
pública, confluyendo así en su sola persona el derrotero del hombre de
pensamiento y el del hombre de acción, aunque jamás en el campo de batalla,
blandiendo una espada.
El libro, además, está
escrito en un lenguaje de gran elegancia, con frecuentes recurrencias al Yo
dramático que años después desarrolló en Venezuela el poeta José Antonio Ramos
Sucre. La argumentación, aunque le rinde tributo a la pasión, no deja de lado
el peso persuasivo de las racionalizaciones. Entonces, el abogado de correcta
formación emerge en el texto, acompañando al tono confesional en que está
escrito el libro, recordando a las Confesiones de
San Agustín: “Adopté el método de confesión, imitando las de San Agustín, por
haberme parecido el más propio y expresivo de la multitud de preocupaciones que
me arrastraban en otro tiempo.” (Roscio: 1996, 5).
No exagero al afirmar que
este libro, en muchos sentidos asombroso, constituye el más acabado esfuerzo por
justificar la libertad de las provincias españolas en América desde la
perspectiva de un católico comprometido, ayudado por el cuerpo de ideas del
Liberalismo. Además, pasado el período emancipador, el libro que trabajamos es
de las pocas fuentes con que contamos de los sustentos teóricos de la empresa
independentista.
No obstante el catolicismo
confeso de Roscio, no faltan quienes lo ubican en la lista de los masones y, la
verdad, pareciera que si lo fue, ya que recibió unos apoyos típicos de la
cofradía masónica, tanto en su paso por Jamaica como en su estadía en
Filadelfia. De la pertenencia de Miranda a la masonería no hay la menor duda,
pero la de Roscio no se ha ventilado suficientemente. No nos atrevemos a
afirmar su pertenencia diáfana porque no contamos con pruebas testimoniales
contundentes, pero lo que sí es cierto es que su confesionalismo católico no
habría sido óbice para la pertenencia a una organización secreta que luchaba
por la libertad y que, sin duda, fue introductora y animadora de las ideas
liberales en América. Pero no es interés de este trabajo dilucidar su
afiliación masónica, tampoco eludirla, ya que en toda la gesta independentista
estuvo presente, sobre todo como sistema de conexión entre mucha gente y
efectivo respaldo en “las verdes y las maduras.”
Como dijimos antes, consta
la filiación masónica
de Miranda, fundador en Londres en 1800 de la logia Gran
Reunión Americana, que centralizaba las llamadas por El Precursor “logias
lautarinas” en América, en homenaje a Lautaro, quien dio muerte a Pedro de
Valdivia, en Chile, en 1553. Algunos creen que la iniciación mirandina ocurrió
en Virginia, a instancias de George Washington, pero no nos atrevemos a
afirmarlo porque sospechamos que ha podido ser antes, en Europa. También consta
la bolivariana, cuya iniciación se presume en Cádiz, en 1803, pero El
Libertador se refirió a la masonería en el Diario de Bucaramanga con desprecio:
“Habló de la masonería, diciendo que también él había tenido la curiosidad de
hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en
parís se había recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para
juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación, que en las logias había
encontrado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros y
muchos más tontos burlados; que todos los masones se asemejan a los niños
grandes jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones…”
(Bolívar, 2010: 221).
No obstante lo dicho, es
evidente que Bolívar se sirvió de la red masónica también, en circunstancias
difíciles de su vida. En suma, creemos que Roscio se acercó a la masonería y
comulgó con sus aspectos liberales en cuanto al republicanismo en ciernes y
que, también, recibió apoyo de algunos de sus integrantes, pero estas
evidencias no nos conducen a creer que formaba parte de una logia de manera
sistemática y recurrente, ni creemos que el origen de sus ideas liberales
estuvo allí, sino en la lectura directa de los textos liberales de su tiempo.
Tomado de EFECTO COCUYO